
Foto: “Los incendios en las cercanías de El Bolsón”, Argentina. Reuters.
La Puntilla del Pirque: Cuando el Fuego Borra la Última Memoria del Bosque
Por: Lucho Ruiz Subiabre
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Desde Lago Epuyén, Chubut — Nueve días después de que una chispa intencional cayera sobre la vegetación sedienta de Puerto Patriada, el Cerro Pirque aún arde como una «brasa gigante». Las llamas, alimentadas por una sequía histórica y vientos implacables, han consumido gran parte de las 3,000 hectáreas que eran el corazón intangible del Parque Provincial. Este no es un incendio más; es un evento límite. El fuego ha alcanzado el relicto de bosque andino-patagónico maduro que, como un arca de Noé biológica, había sobrevivido a los incendios de 1945, 1960 y 1987. Su caída no es solo una pérdida ecológica: es la cancelación violenta de una memoria viva, la posible extinción local de una población única de huemules y la materialización más cruda del cambio de régimen que expertos y comunidades vienen denunciando.
El Pirque arde en un contexto de crisis amplificada. Hasta este 14 de enero, el fuego en la Comarca Andina ha devorado entre 11,970 y 15,000 hectáreas, forzando la evacuación de más de 3,000 personas y dañando al menos 24 viviendas. El Parque Nacional Los Alerces, patrimonio de la humanidad, también enfrenta focos de «comportamiento extremo». Mientras la lluvia trae un alivio momentáneo, Epuyén ha declarado el «Estado de Catástrofe» en siete dimensiones (ígnea, social, ambiental, económica, turística, habitacional y sanitaria), un reconocimiento oficial de que la herida es total y la reconstrucción demandará al menos todo el primer semestre del año.
Un Relicto que Era Templo: La Biografía Perdida del Pirque
Para entender la magnitud de la pérdida, hay que escuchar a quienes dedicaron su vida al Pirque. Lucas Chiappe, el «guardián» que vivió 50 años en sus laderas, no solo vio arder su casa, sino el «templo» natural que defendió hasta lograr su protección como área intangible. Su historia personal se funde con la del bosque: una lucha contra el tiempo y la presión antrópica que hoy parece derrotada.
La voz científica la aporta el biólogo Javier Grosfeld (CONICET), quien coordinó el plan de manejo de la reserva. Describe al sector sureste del Pirque como un «relicto único»: un bosque maduro, húmedo, de difícil acceso y refugio de una población oriental aislada de huemules. Este ecosistema funcionaba como una isla genética y un corredor vital. El fuego, al arrasar esta zona, no quema árboles; aisla y condena a una especie bandera, convirtiendo un santuario en una trampa.
La Convergencia Fatal: Clima, Combustible y Desidia
El incendio del Pirque es la explosión de un cóctel previsible:
Las variaciones climáticas como Multiplicador: La región atraviesa la peor sequía desde 1965, con altas temperaturas y baja humedad que convierten la vegetación en yesca. Como señala un brigadista, esto genera «comportamientos del fuego más difíciles de enfrentar».
El Combustible Exótico: Vecinos y expertos apuntan a un actor no humano clave: las plantaciones de pino. «El fuego ingresa de manera violenta por los pinos; cuando se quema monte nativo, el avance es más lento», explica Pablo Gatti, un vecino de Epuyén que ya perdió su casa en 2025. Estas especies exóticas, inflamables y invasoras, actúan como acelerante y dificultan la regeneración del bosque nativo.
La Desinversión Estructural: Mientras el gobernador Ignacio Torres promete que no se venderá «ni una sola hectárea de bosque nativo» , las críticas apuntan a la raíz del problema: un Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) desfinanciado. Brigadistas denuncian salarios de miseria (entre 400 y 600 dólares) que obligan al pluriempleo y causan deserción. El resultado es una respuesta estatal lenta y desbordada, donde, como relata la activista Flavia Broffoni, los vecinos a veces combaten solos, con lanchas y baldes, la llegada del fuego a sus casas.
¿Intencionalidad y Especulación? El Fuego como Herramienta
La investigación judicial avanza sobre una pista clara: el origen es intencional, con uso de acelerantes. La fiscalía investiga el movimiento sospechoso de vehículos cargados como en una mudanza, minutos después de iniciado el fuego, en un contexto de disputas por tierras. Este patrón reaviva el fantasma de la especulación territorial, donde el incendio se usa como herramienta para limpiar el terreno y forzar cambios de uso del suelo, a pesar de que la ley lo prohíbe por 60 años. La declaración firme del gobierno provincial contra la venta de tierras quemadas es un intento por cerrar esta puerta.
Más Allá de las Llamas: La Herida que Persiste
La extinción del último foco no será el final. Un estudio del CONICET citado en las fichas advierte que los incendios severos dejan una huella tóxica en los sedimentos que envenena cursos de agua y compromete la recuperación por décadas. Los bosques andino-patagónicos pueden tardar hasta 200 años en regenerarse. Con incendios cada vez más frecuentes y severos, la superficie quemada en la Patagonia se cuadruplicó entre 2024 y 2025, el peligro es que eventos extremos como este se conviertan en un proceso crónico de degradación del que el territorio no pueda reponerse.
¿Qué futuro le queda a la Patagonia cuando caen sus últimos bastiones? El Cerro Pirque era la prueba de que la resiliencia tenía un límite. Su incendio es una advertencia en llamas: sin un cambio radical en las políticas de prevención, inversión en manejo del fuego y control real de las especies exóticas inflamables, lamentablemente la memoria biocultural del sur seguirá ardiendo. La lucha ahora es por evitar que este ecocidio, como lo definen las organizaciones ambientales, se convierta en la nueva normalidad.
